Evento nuevo: Más allá de la ciudad: la contribución rural al desarrollo

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Más allá de la ciudad: la contribución rural al desarrollo

Los países de América Latina y el Caribe necesitan invertir más y mejor en las comunidades rurales ya que la contribución económica del campo al desarrollo nacional es el doble de lo que sugieren las cifras oficiales, señala un nuevo informe del Banco Mundial titulado "Más allá de la ciudad: la contribución rural al desarrollo".

Este estudio es la principal publicación regional del Banco para 2005 y su coautor Daniel Lederman mantuvo una charla en directo con los internautas el 24 de febrero sobre diversos aspectos del desarrollo rural en la región. Lea la transcripción completa a continuación.

Más información:
"Más allá de de la ciudad: la contribución rural al desarrollo"
Daniel Lederman, economista principal
Sitio web: Oficina del Economista Jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe


Gustavo Durán Araújo: Apreciado Señor Lederman. La intensidad del conflicto armado en Colombia se vive principalmente en las zonas rurales, de la misma forma y conectado con un vínculo importante el fenómeno del narcotráfico influye notablemente en la productividad de las zonas rurales. Colombia es un país rico en extensiones de tierra apropiadas para la producción agropecuaria y la conservación ambiental. ¿hasta que punto en Banco se decide en diversificar su apoyo (no solo a la consecuencia más notable de las problemáticas antes mencionadas)para que la inversión en el sector rural colombiano, se una fuente importante de desarrollo y mitigación del conflicto?

Daniel Lederman: Es posible que el desarrollo rural pueda ayudar a reducir el conflicto armado que está vinculado al narcotráfico, pero la verdad es que no sabemos cómo hacerlo porque también es posible que inversiones rurales ayuden a agilizar el cultivo y tráfico de productos ilícitos. Definitivamente, deberíamos estudiar estos temas con más profundidad.


Marco Machado: Porque el sector rural tiene menos veneficios que el urbano, al urbano le subsidian electricidad, le le ponen escuelas y en el algunos casos agua, sera por la masa de votos que este sector representa...

Daniel Lederman: Es muy posible que la estructura del gasto público en nuestros países y su asignación entre sectores urbanos y rurales sea producto de fuerzas de economía política. Por ejemplo, la capacidad de movilización política de grupos de interés urbanos puede ser superior a la de los hogares rurales porque los costos de organización popular en el campo son más altos.


Preston Montes: Esta pregunta es sobre el gasto en investigación y desarrollo (I y D). ¿Es posible que una mayor inversión I y D pueda garantizar el crecimiento económico en América Latina? ¿Qué nivel de estabilidad política espera el Banco Mundial de un país como Bolivia? ¿Cuál es su opinión sobre la situación del gas natural en Bolivia, el país lo debería exportar o debería usarlo para su propia industrialización? Debido a las deudas de Bolivia, ¿es la venta del gas natural una condición para obtener préstamos en el futuro?

Daniel Lederman: Hay muchas preguntas difíciles ahí y voy a contestar la pregunta sobre el gasto en investigación y desarrollo, aunque debo dejar constancia que no hay algo así como una receta universal para el desarrollo. Nunca hay garantía de que tal o cual política vaya a resultar. Sin embargo, sabemos a partir de datos empíricos que las tasas de rentabilidad del gasto en investigación y desarrollo en los típicos proyectos agropecuarios de este tipo en América Latina y el Caribe son bastante altas. Por ejemplo, algunos estudios muestran que un proyecto convencional de I y D agrícola tiene una tasa de rentabilidad cercana al 40%. Es decir, que por cada dólar invertido en I y D agrícola, el proyecto gana US$1,40. Por lo tanto, el gasto en I y D, ya sea del sector privado o también del sector público, puede ser un buen negocio y una buena política de fomento, aunque como dije antes, en este asunto no existen recetas que no fallen nunca.


Tony Sebiani S: PREGUNTA PARA LA CHARLA Estoy de acuerdo con el Sr. Liberman, los países en vías de desarrollo debemos promover el desarrollo rural para reducir la pobreza, la presión sobre los recursos naturales y las migraciones campo-ciudad. El desarrollo rural además trae muchas ventajas intrinsecas como la reducción de la delincuencia en las ciudades entre otras. No obstante, ¿Cómo realizaran los países en desarrollo ese Desarrollo Rural? Me refiero a la inversión que debe realizarse, Inversión Extranjera Directa, Deuda interna o externa del Gobierno, créditos blandos (quién va a financiar los proyectos). A mi criterio, los Gobiernos deben empezar ese movimiento, invirtiendo en caminos, puentes, EDUCACION (ESTE PUNTO ES PILAR), en fin Salud, agua y otros que mejoren la calidad de vida del campo y generen las condiciones para que se de este desarrollo (hay que ser claros y distinguir gasto e inversión, si los dineros se contratan para INVERSIÓN entonces no importaría que a corto o mediano plazo se incremente el déficit fiscal), una vez pasada esta primera etapa, será posible captar Inversión Extranjera Directa e Inversión Privada Nacional, pero también debe ser claro desde el principio que papel y que nichos de mercado se llenaran con la esta producción ( es decir que vamos a vender y donde ). Por otrp ladp es immportante que nuestras exportaciones cuenten con un alto grado de Valor Agregado Nacional y que los recuros financieros liberados con los fondos de pensión sean reinvertidos en nuestros países y que financien a empresarios nacionales, y no como ocurre hoy que se colocan en el exterior, donde intermediarios financieros nos los colocan luego pero a intereses mucho mayores. Saludos, Tony Sebiani S Costa Rica.

Daniel Lederman: Su pregunta es sumamente importante y tiene que ver con dos puntos esenciales. Primero, cómo tenemos que invertir los escasos recursos que tenemos disponibles para el campo. Segundo, cómo podemos financiar ese gasto público para el desarrollo rural. Pensamos que la respuesta al primer punto es que, como usted dice, el gasto rural tiene que enfatizar la provisión de bienes públicos como por ejemplo la educación, la salud, caminos e inversión en investigación y desarrollo agropecuarios. Asimismo, pensamos que este mayor gasto social se tiene que financiar inicialmente a través de una reasignación de recursos, reduciendo los subsidios a grupos de interés particulares y aumentando el gasto social. Una vez que logremos este cambio, podemos discutir cómo financiar un mayor gasto rural en su totalidad, pero definitivamente tenemos que enfatizar la calidad del gasto público que ya tenemos disponible.


Leila Shaw : Su estudio habla de la necesidad de instaurar programas de apoyo a la reconversión de los productores nacionales pequeños en el sector de las importaciones. ¿Cuánto sería necesario para ejecutar esos programas y, de manera realista, cuánto podrían o deberían esperar los productores pequeños?

Daniel Lederman : Sí, nuestro estudio claramente apoya la participación del sector en la entrega de asistencia de reconversión a los pequeños productores, especialmente a los hogares rurales pobres que producen productos agrícolas básicos no competitivos, dados los recursos naturales de la región. Por lo tanto, estos productores necesitan ayuda para reorganizar sus operaciones, especialmente durante los periodos de liberalización comercial cuando aumentan las importaciones. Necesitamos progresar, pero sin dejar a nadie atrás.

En América Latina tenemos muchos ejemplos de programas públicos de asistencia a pequeños productores y en general la ayuda que ha recibido cada productor ha sido, y debería continuar siendo, relativamente pequeña.

Por ejemplo, debería ser suficiente ayudar a las familias rurales a superar las formas más extremas de pobreza, especialmente la pobreza alimentaria, de modo que las familias que normalmente participan en estos programas pueden esperar obtener ayuda equivalente a una parte del valor de una canasta básica de alimentos, más o menos el 30% del valor de compra de esa canasta.

Lo que decimos en el informe, que es quizás lo más importante, es que tal asistencia también puede entregarse con la condición de que las mismas comunidades actúen para promover la inversión, de modo que tales comunidades, en conjunto, puedan reestructurar sus actividades productivas. Por ejemplo, una posibilidad es seguir el modelo de PROCAMPO en México, donde pequeños productores pueden obtener ayuda financiera fija y pueden hacer lo que quieran con ella. Sin embargo, creemos que este tipo de programas tiene una desventaja: no proporciona ningún incentivo directo a las comunidades para emprender programas sociales significativos.

Otro modelo que examinar son los programas tipo “bursa familia”, o algo así, [Programa Bolsa Familia] de Brasil. En ese programa, las familias rurales reciben asistencia financiera del gobierno condicionada a que las familias y comunidades mantengan a sus hijos en la escuela y/o acudan a controles médicos a fin de asegurar que las futuras generaciones tengan buena salud y suficiente educación para ayudar a ambas generaciones a salir de la pobreza.



Sara Tamayo Insuasti: Ecuador,mi país, registra uan serie de problemas estructurales y de crisis económicas, por tanto cuando ud. señala de programas especiales de restructuración para pequeños productores, ¿podría ser más puntual al señalar programa de reestructuración aplicable a nuestro entorno?

Daniel Lederman: En general, existen dos tipos de programas para apoyar a los productores pequeños durante periodos de transformación productiva. El primero se basa en transferencias financieras directas a los productores sin condición alguna. Este tipo de programa, por ejemplo, se implementó en México bajo Procampo. Otra opción es proveer ayuda financiera condicionada en que los productores pequeños hagan inversiones productivas, por ejemplo en la educación de los niños o en la construcción de capital social en las comunidades. Ese tipo de programa es similar a Oportunidades en México o a Bolsa Familia en Brasil.


Martin Satney: En términos conceptuales aceptamos los principios generales de su estudio. Sin embargo, en los pequeños Estados insulares en desarrollo del Caribe, como Santa Lucia, la situación es levemente diferente (tamaño, recursos, capacidad de recuperación, etc.). ¿Por qué el Banco Mundial no muestra una mayor preocupación por los temas del desarrollo (rural, económico, social…) que afectan a estos países más pequeños y vulnerables del Caribe? Las declaraciones recientes del Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, reflejan una inquietud similar.

Daniel Lederman: Gracias por su pregunta. Ciertamente estamos de acuerdo en que muchos países pequeños, como varias de las islas del Caribe, enfrentan retos especiales en el tema del desarrollo para disminuir la pobreza. Hemos estado al frente de la campaña mundial para superar la epidemia del SIDA y estamos muy conscientes de los vínculos entre los jóvenes caribeños y la difícil tarea que plantea el SIDA para la salud pública, además de los desafíos que surgen de la violencia social en algunos países.

Las islas también enfrentan retos importantes debido a que la fuente principal de su riqueza es el turismo y creemos que la industria del turismo puede contribuir al patrimonio de las islas y a su desarrollo. Este desafío es mucho más importante en las islas que en otras economías más grandes que tienen una estructura productiva más diversificada. Esperamos poder trabajar con todos los gobiernos del Caribe en éstos y otros asuntos que inciden en la pobreza y en el desarrollo y que ustedes nos puedan presentar. Hacemos nuestro mejor esfuerzo para responder a los desafíos y si no tenemos las respuestas, las buscamos.



Carlos Hinestrosa: En América Latina podemos encontrar muchos proyectos para el desarrollo rural y muchas instituciones internacionales han invertido en estos programas; ¿cuál cree usted que es la estrategia para la lucha contra la pobreza rural?, ¿son suficientemente eficientes esos proyectos? y ¿tienen un impacto significativo considerando su elevado costo?

Daniel Lederman: Es una pregunta muy importante que nos fuerza a pensar bastante en cómo se evalúan los beneficios sociales de los programas de inversión pública o social ejecutados por el sector público. Déjeme dar un ejemplo. El programa “PROCAMPO” de México ha sido evaluado por investigadores de la Universidad de Berkeley. Recopilaron información de encuestas de hogares que indican cuántos ingresos obtuvieron las familias rurales de México a través de las prestaciones de PROCAMPO y los compararon con familias similares que no recibieron prestaciones del programa.

Los investigadores constataron que, por ejemplo, los beneficiarios de PROCAMPO pudieron generar entre 1,4 y 1,8 pesos por cada peso que obtuvieron del programa.
Esto significa que la tasa de rentabilidad de las prestaciones de PROCAMPO fluctúa entre 40% y 80%. Es un valor bastante alto y todavía nos preguntamos cómo es que las cifras pueden ser tan elevadas. Una razón posible es que los hogares rurales pobres deben lidiar con severas fallas de mercado en su acceso al crédito rural, de modo que cuando reciben un peso pueden hacer inversiones productivas que antes no habían podido realizar, como por ejemplo invertir en hacer que la explotación agrícola sea más eficiente o financiar trabajos no relacionados con dicha explotación en comunidades rurales cercanas. Éstos pueden ser algunos de los beneficios obtenidos que van más allá de la ayuda gubernamental y así es cómo en algunos casos el apoyo del sector público puede generar más de un peso por cada peso que recibe de PROCAMPO.

Ahora, la desventaja de programas como PROCAMPO es que, si bien sabemos que benefician directamente a las familias que reciben los fondos, no estamos seguros si también benefician a las comunidades rurales en su totalidad.

En otras palabras, se espera que las personas que reciben dinero del gobierno estén en mejor posición que las personas que no lo reciben. Pero no sabemos si la comunidad en su conjunto, sin mencionar al país, queda en mejores condiciones gracias a los fondos que reciben las familias rurales pobres.

Por otro lado, tenemos programas como la Bolsa Familia en Brasil, en que la ayuda del sector público depende de que las familias y las comunidades hagan inversiones valiosas en capital humano, es decir, en educación y salud. Y una sociedad bien educada y saludable genera beneficios para todos, no sólo para los niños que reciben controles médicos y obtienen una buena educación.

De modo que a medida que avancemos, debemos pensar bien, especialmente en el Banco Mundial, sobre cuál es la mejor metodología para evaluar las ganancias sociales o las ganancias de la sociedad en su totalidad derivadas de programas como Bolsa Familia o incluso PROCAMPO. Este es un asunto difícil y complejo y esperamos que en los años venideros seamos capaces de desarrollar herramientas de evaluación adecuadas para ayudar a nuestros líderes de gobierno y de la comunidad a tomar mejores decisiones en materia de políticas públicas y así avanzar más en la lucha contra la pobreza rural.



Isabella Duno: ¿Cree que el hecho de haber determinado que la población rural es mayor, junto con patrón de desigualdad en la tenencia de tierras, dé fuerza a los argumentos a favor de reformar la tenencia de la tierra?

Daniel Lederman: Creemos que la población rural de América Latina y el Caribe representa cerca del 42% de la población total de la región, es decir, mucho más de lo que indican las estadísticas oficiales que sugieren apenas el 24%. Sin embargo, eso no significa que la redistribución de la tierra sea más importante ahora que antes. Tiene la misma relevancia, ya que a fin de cuentas este cambio de número es un cambio contable, no es economía. No cambia la realidad práctica de que, como usted dice y nosotros reconocemos, es una de las graves desigualdades respecto de la tierra y de muchos otros bienes que son importantes para los pobres.

Sin embargo, la experiencia histórica indica que en América Latina y el Caribe las reformas a la tenencia de la tierra no necesariamente garantizan que las familias beneficiarias salgan de la pobreza y la razón es muy simple: la tierra por sí sola no genera ingresos que les permita a estas familias superar la pobreza. Se necesita mucho más que tierra. Se necesita acceso al crédito, acceso a servicios tecnológicos, de investigación y de desarrollo. Se necesita la infraestructura mínima para que las personas puedan ir a la escuela y los trabajadores a sus empleos. Y se necesita que los campesinos encuentren mercado para sus productos.

Si nos centramos sólo en la tierra, corremos el riesgo de entregar tierras y nada más, lo que condenará a las futuras generaciones de familias rurales pobres a continuar haciendo lo imposible en su lucha por mejores condiciones de vida, esto es, seguir trabando suelos de baja calidad sin los bienes complementarios necesarios para realmente hacer mella en la pobreza rural. De modo que la tierra por sí sola no es la respuesta.



Dominic Enzo: El informe defiende la desarticulación de los subsidios agrícolas en los países de la región. Sin embargo, ¿cuánto cree que se necesitará para compensar a los campesinos más pobres que ciertamente requerirán ayuda para ajustarse a la ausencia de subsidios?

Daniel Lederman: Agradezco esta pregunta, es muy importante. En el informe concluimos que desde el punto de vista mundial, es crucial que las negociaciones sobre comercio internacional tengan éxito en reducir y ojalá eliminar los subsidios agrícolas en los países ricos, debido a que estos subsidios mantienen los precios de los productos básicos agrícolas artificialmente deprimidos, especialmente los precios de los granos y productos alimentarios, lo que daña a los agricultores de estos bienes sensibles en los países en desarrollo.

Sin embargo, también somos realistas y nos damos cuenta de que la mayoría de los países en América Latina y el Caribe son importadores netos de los productos básicos agrícolas subsidiados en los países ricos. Por lo tanto, si tenemos éxito en nuestros esfuerzos para reducir estos subsidios, podemos esperar que el precio de esos productos subirá y que por ende la mayoría de los países de América Latina y el Caribe tendrá que pagar valores más altos por los alimentos. A su vez, los precios más altos favorecerán a los productores de esos bienes, pero afectará a los países y consumidores en conjunto, especialmente a las personas pobres de las áreas rurales y urbanas que son grandes consumidores de alimentos como pan, tortillas, arroz. De modo que también nos percatamos que para reducir el daño potencial a la sociedad latinoamericana como resultado del alza de precio en los productos alimentarios, podemos reducir los impuestos a la importación de alimentos que se aplican en nuestros países, gravámenes que a veces son extremadamente altos.

Ahora, se debe prestar mucha atención a esos productores, a los productores rurales, hogares pequeños y pobres que producen cultivos sensibles para ayudarles a ajustarse a un contexto en el que ya no habrá subsidios en los países ricos, pero tampoco altos impuestos a la importación.

Por lo tanto, debemos ayudarlos a tomar las medidas necesarias para que las futuras generaciones de familias rurales en América Latina y el Caribe no encaren los mismos obstáculos a su bienestar. Ahora bien, respecto de la pregunta específica sobre el monto de los recursos financieros necesarios para ayudar a esas familias, eso dependerá de cada situación en particular.

Normalmente, estos programas han dado asistencia financiera gubernamental a productores u hogares pequeños que es apenas suficiente para comprar una canasta básica de alimentos. Así que, cuánto cuesta eso, es decir, cuánto cuesta la canasta de alimentos, no sólo variará de país en país, sino que también dentro de cada país, de modo que es una pregunta muy difícil de contestar con precisión. Usualmente representa un porcentaje de la línea de pobreza o un porcentaje del salario mínimo de cada país.

Ahora, personalmente creo que la pregunta más importante es qué tipo de asistencia ellos requieren. ¿Cómo podemos invertir ese peso extra o ese dólar extra en las comunidades rurales? Creo que será la interrogante más difícil. Lo que sostenemos en el informe es que estaremos en mejores condiciones en términos de reducir la pobreza y mejorar la competitividad de la agricultura en América Latina y el Caribe si gastamos más fondos públicos en hacer las inversiones necesarias en la prestación de servicios sociales que si proporcionar subsidios directos a los productores de ciertos productos básicos, los que normalmente quedan en manos de agricultores comerciales grandes y nunca llegan a las familias rurales pobres.




armando: La contribución del sector primario dentro del PIB es mucho menor que la población que depende de este sector, sin embargo esta subvaluada, esto puede ser porque una gran parte de la población practica agricultura de subsistencia y es en general difícil de cuantificar, otro punto importante es la contribución del sector primario a el bienestar dentro de la población con externalidades positivas y bienes públicos como son las relacionadas con el medio ambiente y la contención de mano de obra que no puede ser empleada en el resto de los sectores. Cuantificaron algunos de estos puntos con una metodología clara y sólida dentro de su publicación o solo se trata de decir con estadísticas lo que ya sabemos? (lo que tienen en ppt)

Daniel Lederman: Agradezco tu pregunta y te tengo dos respuestas. Primero, sí, posiblemente estamos diciendo con estadísticas algunas cosas que los especialistas ya conocían, pero hay muchas cosas que valen la pena decirlas con estadísticas sólidas para refrescar la memoria de los que se han olvidado o que las han ignorado y ese es uno de los objetivos de nuestra investigación: promover el debate público en nuestros países sobre la pobreza. La segunda respuesta que te tengo es que si tenemos en el informe ejercicios estadísticos y econométricos con metodologías claras y sólidas sobre puntos claves. Por ejemplo, el hecho que el producto interno bruto agropecuario sea bajo (5% en México y 12% para la región) no quiere decir que la contribución del campo esté limitada al tamaño del sector que observamos. Por lo tanto en el estudio presentamos resultados econométricos que demuestran que, en promedio en América Latina, cuando crece el producto bruto agropecuario crecen otras actividades que no son parte del sector primario. Nuestro análisis sugiere que cuando crece el sector primario agropecuario, el resto de la economía promedio latinoamericana crece en un 0,12%. Asimismo, cuando crece la producción agropecuaria, el ingreso de los hogares más pobres de América Latina crece alrededor de 0,2%. Y bueno, hay muchos ejemplos en el estudio de análisis sólidos y metodologías claras. Y te invitamos a leerlo.



Rhodante Ahlers: El informe es claro respecto de la necesidad de invertir fondos públicos en el sector rural. Dada la participación del Banco en reducir el sector público en América Latina durante la década de 1980 al fomentar intensamente cambios legislativos en el sector rural (México: revisión general del crédito rural en 1989 y la Ley Agraria y la Ley de Aguas Nacionales de 1992, fuertemente impulsadas por el Banco), y en la última década al promover financiamiento a nivel subnacional junto con poner énfasis en altas clasificaciones crediticias, ¿qué aprenderá el Banco de este informe? ¿Cómo cambiará: 1) su política, 2) su enfoque frente a los gobiernos nacionales y subnacionales? ¿No es tiempo para que el Banco admita sus políticas erradas? ¿Cuándo y cómo apoyará el Banco el desarrollo social y sostenible con más énfasis en el sector público que en el sector privado?

Daniel Lederman: Realmente agradecemos esta agresiva pregunta. La apreciamos, porque gastamos mucho tiempo y hacemos muchos esfuerzos en evaluar las políticas fiscales y del sector público en todo el mundo en desarrollo y normalmente estamos entre los primeros en la comunidad para el desarrollo y en la comunidad para el sector público en reconocer qué políticas y cuándo han funcionado, cuáles no han funcionado, o en admitir que no tenemos una respuesta clara sobre la eficacia de tales políticas.

Esperamos que este informe abra el debate, no sólo al interior del Grupo del Banco Mundial sino que en todo el mundo en desarrollo y especialmente en toda América Latina y el Caribe, sobre cómo nuestras sociedades quieren enfrentar el reto de la pobreza rural extrema y el desafío de maximizar el potencial, el gran potencial que los sectores rurales tienen para contribuir al bienestar y el desarrollo no sólo de las comunidades rurales, sino que de la sociedad en general.

No tenemos todas las respuestas, pero cuando buscamos crear nuevas formas de luchar contra la pobreza rural de manera más efectiva y de luchar contra la pobreza en general de manera más efectiva… ¿qué hemos hecho en términos de nuestra relación con los gobiernos? Uno de los mensajes más importantes de este estudio es que los programas de desarrollo tienen que ser creados y ejecutados en coordinación no sólo con el gobierno central y local, sino que especialmente con las comunidades locales para que puedan lograr sus objetivos, uno, para identificar las necesidades de las comunidades locales en términos de poner en marcha servicios públicos, como servicios de transporte, e infraestructura como las comunicaciones, el agua, etc.; la educación y la salud. Nadie conoce mejor los obstáculos que enfrenta la reducción de la pobreza en las comunidades rurales que sus mismos residentes. Y dos, porque la calidad de la inversión pública en servicios sociales, especialmente en infraestructura y servicios de transporte, dependerá de los esfuerzos de las comunidades locales para ayudar a mantener los caminos, ayudar a mantener los cables eléctricos; por lo tanto, no vemos mejor opción ni mejor alternativa que los programas de fomento impulsados por la propia comunidad.

Ahora bien, eso no significa que el gobierno debería ceder su lugar a las comunidades locales. Por el contrario, el gobierno central ocupa un lugar primordial en coordinar los esfuerzos nacionales para combatir la pobreza rural en todo el país, incluida la pobreza urbana. Por lo tanto, el gobierno central tiene un papel crucial de coordinador, además de otro papel importante de informar a las comunidades sobre las buenas experiencias obtenidas en otras comunidades, de modo que los errores no se repitan y las buenas ideas se imiten en otros lugares.

El gobierno también tiene la responsabilidad de transmitir la información a los lideres de la comunidad local y a la sociedad civil en general, además de supervisar el mantenimiento y ejecución de los proyectos de inversión locales.

Así que esto complica nuestro trabajo, pero el desarrollo y la lucha contra la pobreza nunca ha sido tarea fácil.



Daniel Parsons: Según el informe, el éxito en la lucha contra la pobreza en regiones marginales dependerá de la capacidad tanto de los gobiernos centrales como locales de trabajar en conjunto con las comunidades locales para identificar las oportunidades y limitaciones económicas, además de equilibrar las necesidades locales con los intereses nacionales. En algunos casos, requerirá una valoración adecuada de los servicios ecológicos y la creación de formas efectivas e innovadoras para que las comunidades globales y nacionales paguen por tales servicios. ¿Cómo se logrará exactamente eso? Y, ¿cuáles son algunas de las formas “eficaces e innovadoras” que se podrían considerar?

Daniel Lederman: Su pregunta representa un desafío que tiene que ver con las políticas y metodologías que nos dirán cuánto valen los servicios ecológicos que prestan nuestros bosques o nuestros cursos naturales de agua. Es un asunto técnico muy complicado, pero el mundo en conjunto ha hecho algunas innovaciones en el último tiempo. Por un lado, a nivel mundial, se están creando mercados para el intercambio de límites de contaminación. La idea es que los contaminadores o potenciales contaminadores sepan cuánto pueden extraer de nuestros recursos naturales y el precio de la contaminación aumentará con la competencia por obtener recursos ambientales escasos.

A nivel nacional, en los países desarrollados —pero también en los países pobres—, sería virtualmente imposible precisar cuál es el valor de un recurso natural, sea éste una belleza escénica o un beneficio ecológico. Por lo tanto, la solución histórica ha sido la de apartar zonas para la preservación ambiental y la comunidad científica cree que éstas son cruciales para la sostenibilidad del medio ambiente y la biodiversidad de los países y del mundo entero.

Sin embargo, esta política necesita ejecutarse en conjunto con inversiones por parte de los gobiernos nacionales y la comunidad internacional que ayuden a los residentes de las zonas donde hay recursos valiosos a encontrar medios de sustento alternativos a la explotación de los bosques y a la contaminación de las aguas.

Esto será mucho más complicado, ya que en cada país el contexto variará y los costos de transformar a esas comunidades también variarán. Sin embargo creemos que el resto del mundo y el resto de la sociedad en nuestros países debe, por lo menos, estar consciente de que esas comunidades y regiones que son ricas en recursos ecológicos y ricas en biodiversidad después de todo nos están prestando un servicio a todos nosotros.



eduardo g. ramirez h.: Cree usted que el bajo desarrollo agroindustrial de America, es una de las anclas que tienen nuestras sociedades rurales y urbanas en su crecimiento economico?

Daniel Lederman: Definitivamente, pensamos que el desarrollo agroindustrial de América Latina puede ser fuente de dinamismo económico y un componente importante en el combate contra la pobreza.

De hecho, en el estudio presentamos análisis estadísticos que demuestran que cuando crece el sector agropecuario, el resto de la economía promedio de América Latina también crece. Asimismo, cuando crece el campo, aumentan los ingresos de los hogares más pobres en una proporción mucho más alta de lo que sugiere el tamaño relativo del sector.



Rodrigo Wagner: Estimado Daniel: Realmente es un gran trabajo para relanzar el tema rural en las dimensiones que tiene. Los felicito. Por lo mismo, creo que abre muchas preguntas nuevas, de las cuales seleccioné una: Consederando que muchos parlamentos Latinoamericanos tienen una sobre-representación de sectores "rurales", en terminos de representantes per capita, resulta paradojico que los gobiernos se centren tanto en los sectores urbanos, y que la discusión rural historicamente haya sido dominada casi solamente por el precio de un par de commodities, que normalmente afectaban sólo a los grupos con mayor poder en el campo. Mi pregunta es entonces ¿Que oportunidades ves para que los pobres rurales tengan acceso a un lobby de calidad, que les permita producir presión política (pensando en Becker, 1983) realmente alineada con sus necesidades y no sólo un grupo de presión para ser capturado?

Daniel Lederman: La pregunta de Rodrigo Wagner es sobre las oportunidades que existen para construir un mecanismo de cabildeo efectivo para que las comunidades rurales sean escuchadas por los gobiernos y el resto de la sociedad, de modo que los recursos públicos no queden en manos de grupos de presión de intereses especiales.

La respuesta es que esto es una tarea muy difícil, pero un buen comienzo es asegurarse que los proyectos de inversión pública contemplen la participación activa de las comunidades rurales, de modo que por lo menos de esa forma se asegure su participación en la definición de los tipos de inversión pública que serán emprendidas en sus comunidades.

Otra alternativa interesante es pensar sobre cómo reestructurar las instituciones gubernamentales de modo que la opinión de los ministerios de agricultura tenga peso al momento de decidir qué tipo de inversión pública se realiza y dónde. En la mayoría de los países latinoamericanos, la estructura del gobierno es tal que son los ministerios de obras públicas, educación y otros, junto con los ministerios de operaciones, los que deciden dónde se invierte en escuelas, dónde se invierte en salud y dónde se invierte en caminos, lo que significa que los ministerios de agricultura quedan relegados a ser los voceros de asuntos estrictamente relacionados con la agricultura. Esta puede ser una explicación de por qué en América Latina el gasto público rural termina cargado de subsidios y la prestación de servicios públicos continúa siendo escasa.

Pero si lo pensamos bien, la verdadera solución en el largo plazo, para la cual yo no tengo una recomendación específica, es un desarrollo político caracterizado por la participación más activa de la población rural.

Ahora bien, el hecho de que sepamos que la población rural es bastante grande significa que tenemos esperanzas para el futuro, ya que en los regímenes democráticos no se puede ignorar el peso de los votos. De modo que se convierte en un asunto de organización política y social a nivel popular.

(Fin de la charla. Muchas gracias por su participación)

 



Expertos

Economista Principal y Economista en Jefe Adjunto, América Latina y el Caribe