Perspectivas Económicas Mundiales 2005



Expertos

consultor en Política Económica y Sector Público, África

El comercio internacional es una de las cuestiones económicas más prominentes en el mundo de hoy. ¿Benefician los acuerdos regionales de comercio a los habitantes de los países en desarrollo que necesitan desesperadamente empleos y mejores servicios públicos? Richard Newfarmer, autor principal de Perspectivas Económicas Globales 2005, participó en una charla en directo con los internautas el 23 de noviembre, 2004. A continuación se incluye la transcripción al español de un segmento de la charla original.


Matiel Hoxha: Con bastante frecuencia, los países que integran acuerdos comerciales regionales difieren en su desarrollo económico o mantienen diferentes estructuras económicas. ¿Pueden estas diferencias determinar el éxito o el fracaso de un tratado de comercio regional?

Richard Newfarmer: Es más probable que sean un motivo de éxito, porque cuando un país rico del Norte con gran intensidad de capital firma un convenio comercial con un país relativamente pobre del Sur que dispone de abundante mano de obra, los aspectos complementarios de sus economías y las diferencias asociadas pueden descomponer las proporciones en sus factores, de modo que los precios disminuyen al máximo posible dentro del volumen transado.

Pensemos en ello intuitivamente. Si tenemos dos países que son prácticamente idénticos, habrá muchas menos oportunidades para el intercambio comercial que si tenemos dos países de características económicas muy diferentes. Es por este motivo que en igualdad de condiciones, esta última situación debería crear más comercio que la primera.



Umar Gbobe AMINU: Es indudable que en la superficie, la cooperación regional mejoraría el crecimiento económico y el desarrollo de los países pobres. Sin embargo, ¿cómo abordar las inquietudes acerca de la diversidad cultural y la integración de los negocios en el actual entorno comercial globalizado teniendo en cuenta las peculiares circunstancias del mundo en desarrollo con su debilitada infraestructura y su gran potencial en cuanto a recursos humanos y materiales?

Richard Newfarmer: En primer lugar, habría que preguntarse si el comercio internacional realmente afecta la diversidad cultural. Es verdad que en algunas circunstancias sí puede hacerlo. Sabemos, por ejemplo, que la integración del mercado global —a través de las comunicaciones, el comercio y la tecnología— de hecho está disminuyendo la cantidad de idiomas que se hablan en el mundo. Muchos ya han desaparecido. Esto mismo puede suceder con otros elementos de la cultura. La pregunta que debe plantearse cada sociedad es cuál será la mejor forma de mantener los elementos más importantes de su cultura y cómo en ocasiones puede valerse del comercio internacional para mantener o incluso profundizar esos elementos. A modo de ejemplo, en el mundo existen numerosos países que recurren a sus culturas indígenas para atraer turistas y vender las artesanías de origen local. De este modo, en estos países el comercio internacional está haciendo crecer al sector dedicado a los productos artesanales en lugar de reducirlo.

Por lo tanto, no siempre es posible determinar con exactitud el efecto del comercio en la diversidad cultural a largo plazo. Lo que sí está claro es que la mejor manera de preservar las culturas locales no pasa por obstaculizar el comercio, sino más bien se necesita que los gobiernos adopten programas destinados a patrocinar, preservar e incluso subsidiar aquellos aspectos culturales que revisten interés nacional.

Aquí surge un problema adicional. En algunos casos se ha utilizado la preservación de la diversidad cultural como estrategia para proteger algunas actividades específicas. La protección de las actividades agrícolas familiares con fuertes subsidios y salvaguardias constituye sólo un caso. En este sentido, existen medios para diseñar programas que hagan frente a determinados objetivos en materia de diversidad cultural sin distorsionar el comercio o impedir que los agricultores y campesinos de los países en desarrollo puedan acceder a los mercados.



Eliza Patterson: ¿Acaso usted mismo o alguien a que usted conozca ha indagado si los acuerdos regionales de comercio cumplen con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC)? He visto que en sus artículos sobre el informe pide que se revisen las normas de las OMC que rigen los acuerdos regionales de comercio.

Richard Newfarmer: Eso es justo lo que se supone que estaría haciendo el comité de la OMC destinado a los acuerdos regionales de comercio. Sin embargo, por motivos políticos, los miembros de la OMC se han negado a adoptar alguna postura acerca de estos acuerdos y han coartado los esfuerzos del personal destinados a revisarlos. Debido a esto, la revisión de alrededor de 140 convenios todavía se encuentra en trámite o aún no se ha iniciado y no existe todavía ni un solo informe aprobado por los miembros de la OMC. El motivo es muy sencillo: prácticamente todos los países del mundo son pecadores, de manera que todos los miembros de la OMC desean asegurarse que sus acuerdos no comiencen a ser impugnados.

Por eso, en nuestro informe recomendamos una estrategia distinta a aquélla que involucra la notificación y la aprobación y sugerimos concentrarnos en los esfuerzos que hace la OMC por incrementar la transparencia mediante revisiones anuales o semestrales de cada uno de los acuerdos. Así, la comunidad mundial conocería el estado de implementación de los acuerdos y sus contenidos y se podría llevar a cabo una evaluación independiente de sus consecuencias discriminatorias.

La segunda parte de la estrategia consiste en concentrar las acciones de los miembros de la OMC y de la comunidad internacional en general en lograr —en la Ronda de Doha de las discusiones de la OMC—un resultado que resulte propicio para el desarrollo. La disminución de las protecciones multilaterales tendrá dos consecuencias importantes para los acuerdos regionales de comercio. Un tratado multilateral bien concebido que desemboque en la liberalización general reducirá en primer lugar el nivel de desviación del intercambio y los costos implícitos en cualquier acuerdo regional de comercio específico para los países miembro y en segundo lugar, disminuirá la discriminación inherente a cualquier convenio de este tipo de aquellos que no forman parte del acuerdo.

Por estos motivos, pensamos que la máxima prioridad, desde la perspectiva del desarrollo, es terminar las discusiones de la Ronda de Doha.



Elisabeth Lind: Podemos sostener que en la era post-guerra, el ambiente político en Estados Unidos en relación con el comercio y la inversión está más politizado y polarizado que antes. En su opinión, ¿cómo ha afectado esto la firma de acuerdos bilaterales de comercio y qué ventajas / desventajas tuvieron tales acuerdos para las economías de los países en desarrollo?

Richard Newfarmer: Estados Unidos se integró relativamente tarde a esta tendencia de negociar acuerdos de comercio a nivel regional, si bien, por supuesto, ya había firmado tratados con Canadá e Israel durante los años ochenta y hacia fines de esa década inició las negociaciones con México y Canadá para el TLCAN (NAFTA). Sin embargo, en general el país se ha abstenido de firmar acuerdos regionales preferenciales para privilegiar los acuerdos multilaterales. Europa ha sido mucho más agresiva en este sentido y desde hace más tiempo.

A partir de 2001, Estados Unidos ha adoptado una actitud mucho más asertiva en lo que se refiere a los acuerdos regionales, en parte como una reacción a las actividades de la Unión Europea y en parte debido a la profunda convicción de la oficina del Representante Comercial de EE.UU. respecto de que es posible lograr una liberalización secuencial o incluso multilateral, lo cual se ha traducido en la firma de por lo menos una media docena de Tratados de Libre Comercio. No me parece que este hecho esté relacionado con una atmósfera especialmente divisionista o politizada, sino que más bien refleja objetivos más amplios de la política exterior y comercial estadounidense.

La segunda parte de su pregunta es importante. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas para los países en desarrollo? Creo que en este tipo de acuerdos vemos tanto fortalezas como debilidades. Por ejemplo, las fortalezas incluyen el hecho de que se integran economías disímiles y que por consiguiente se abren grandes oportunidades para generar intercambios comerciales. Además, los tratados contienen disposiciones destinadas a abrir el mercado de los servicios, algo que beneficia a la mayoría de los países en desarrollo y particularmente a aquellos que han firmado tales acuerdos hasta la fecha, puesto que servicios más competitivos generan más productividad para la economía interna.

En tercer lugar, estos acuerdos o la fortaleza de estos acuerdos suele estar en directa relación con su implementación, la cual es un reflejo tanto de la capacidad institucional del socio en el hemisferio norte como de los incentivos que ofrece el socio en el hemisferio sur para acceder al mercado de EE.UU., en este caso.

Dejando eso en claro, los tratados de libre comercio con EE.UU. también tienen sus falencias. Nuestro estudio indica que muchos de los productos que son importantes para los países en desarrollo, entre otros diversos bienes agrícolas, suelen quedar excluidos de los acuerdos, de modo que los países no pueden cosechar todos los beneficios que podrían en el caso de tratarse de zonas de comercio totalmente libres.

Por otra parte, los tratados de libre comercio muchas veces contienen normas de origen mucho más restrictivas que algunos acuerdos entre países en desarrollo o convenios entre países del hemisferio sur.

Por último, estos tratados con frecuencia implican un temario de normas que exigen a los países en desarrollo aceptar reglas tales como aquellas sobre los derechos de propiedad intelectual o sobre inversiones como condición previa para acceder al mercado de EE.UU. Es posible que tales normas sean pertinentes a las circunstancias específicas de desarrollo del país, pero también es posible que no lo sean, de modo que el resultado en materia de desarrollo puede variar. Como sucede con los acuerdos con la Unión Europea, estos tratados tienen tanto fortalezas como debilidades y ciertamente hay cabida para perfeccionarlos a medida que transcurre el tiempo.



Carina Nucci: Brasil está cediendo lugar a EE.UU. en la preferencia comercial de los socios de América Latina gracias a los acuerdos bilaterales entre el país del norte y los países latinoamericanos. ¿No demuestra esto que los países prefieren comerciar con actores más poderosos a pesar de sus acuerdos regionales? ¿Qué debería hacer Brasil? ¿Tratar de expandir o restringir el Mercosur o bien tratar de suscribirse al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) o integrar el acuerdo con la Unión Europea? ¿Cómo evalúa usted la política de Brasil de transformar a China en su primera prioridad y de estrechar sus lazos con Rusia?

Richard Newfarmer: Aquí se abren varias interrogantes. Es verdad que los países en desarrollo buscan firmar acuerdos con los mercados más grandes, en especial con Estados Unidos y la Unión Europea, sencillamente porque estos mercados brindan las mayores oportunidades de desarrollo a sus exportadores. Si un país consigue obtener acceso preferencial al enorme mercado de EE.UU., las posibilidades que se abren son mucho mayores que cuando firma un convenio con un país pequeño en alguna otra parte del mundo.

Y en efecto, si examinamos la cobertura comercial de los acuerdos comerciales regionales, constatamos que los tratados con EE.UU. o la Unión Europea representan ahora algo así como el 80% de todo el intercambio que se hace al amparo de acuerdos regionales. Se trata de socios realmente grandes.

La segunda parte de su pregunta se refiere a la estrategia de Brasil y se cuestiona si tiene sentido restringir el Mercosur, firmar un tratado con la Unión Europea o concentrar más la atención en China. De hecho, sería provechoso que Brasil se abocara a los tres, pero que lo hiciera de una forma consecuente y coherente. Por ejemplo, es importante perfeccionar el Mercosur y explotar las oportunidades para mejorar los pasos fronterizos, reducir el tiempo que demoran las exportaciones en cruzar las fronteras e ingresar al mercado de cado uno de sus socios (lo cual incide en mayores costos para tales exportaciones) y continuar con la armonización de las regulaciones, ya que todas estas medidas ampliarían el intercambio comercial sin costos en materia de eficiencia. En algún momento sería bueno reducir los aranceles externos del Mercosur hasta equipararlos con los niveles competitivos del TLCAN, lo que incidiría en una mayor competitividad de los miembros.

De igual manera, Brasil está intentando ampliar el mercado en los países vecinos de América Latina, en China y en la Unión Europea mediante acuerdos bilaterales y trabaja además de manera muy intensa para lograr un acuerdo multilateral a través de la Ronda de Doha de la OMC. En efecto, Brasil ha sido un fuerte impulsor de las negociaciones de la Ronda de Doha para lograr resultados más propicios para el desarrollo toda vez que ha insistido en alcanzar una liberalización seria de la agricultura, en especial en aquellos países ricos con altos aranceles y subsidios. Esta medida no sólo sería beneficiosa para Brasil, sino también para otros países en desarrollo.

En conclusión, lo que he esbozado en rasgos generales es una política tripartita: en primer lugar, una política regional concentrada en facilitar el comercio dentro del Mercosur y en reducir los costos del intercambio comercial dentro de este mercado. En segundo lugar, una estrategia multilateral de comercio para obtener acceso a los mercados del mundo, entre otros China y la Unión Europea, y en tercer lugar, una estrategia unilateral que en último término implique la reducción del arancel común externo y la apertura de los mercados de servicios del país con el fin de impulsar la competencia y la productividad interna.


Jonas Hedum: El Banco y otras instituciones internacionales abocadas a la tarea del desarrollo concentran cada vez más sus esfuerzos en crear un clima propicio para las inversiones en los países en desarrollo y así lograr el crecimiento sólido de la economía interna, para cuyo fin parece ser indispensable promover la buena conducción del gobierno, la transparencia y la responsabilidad a través de la correcta gestión del sector público (IDM 2004). Mi pregunta es la siguiente: ¿por qué los programas de comercio regionales deberían diferir de los programas económicos internos si se dice que estos últimos no pueden funcionar sin una relación eficiente y responsable entre el sector público y el privado?

Richard Newfarmer: La respuesta inmediata es que no hay diferencia. Sin embargo, una política comercial integrada a un clima nacional para las inversiones que brinde estabilidad macroeconómica, respeto por los derechos de propiedad básicos y mercados competitivos implica oportunidades para los productores que no existirían de no mediar tales condiciones. Dado que el comercio puede incrementar la competencia en el mercado interno y al mismo tiempo crear nuevas oportunidades de exportaciones al extranjero, la política comercial es uno, pero no el único, de los componentes que define el clima interno para las inversiones. Son este clima más una política comercial favorable los que pueden traducirse en un mayor crecimiento económico y en la reducción de la pobreza.


Gracias por participar en la discusión.