El envejecimiento de la población es una de las grandes tendencias demográficas del siglo XXI. A medida que aumenta la esperanza de vida, los países deberán adaptar sus sistemas de salud, mercados laborales y programas de protección social para responder a una población cada vez más longeva y a la creciente carga de las enfermedades no transmisibles (ENT).
Los debates destacaron las conclusiones del informe del Banco Mundial Unlocking the Power of Healthy Longevity: Demographic Change, Non-communicable Diseases and Human Capital ("Liberar el poder de la longevidad saludable: cambio demográfico, enfermedades no transmisibles y capital humano"), que sostiene que invertir en la salud y el bienestar a lo largo de toda la vida puede ayudar a las personas a vivir más años, con mejor salud y mayor productividad.
La longevidad saludable surgió como una prioridad clave para el desarrollo, con implicaciones para el crecimiento económico, el capital humano, la participación laboral y la sostenibilidad de los sistemas de salud y protección social. Los panelistas analizaron políticas y alianzas que permitan a los países adaptarse al cambio demográfico y mejorar los resultados para las personas mayores y las generaciones futuras.